Ver, decidir, actuar: concentración y toma de decisiones en competencia
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Hace unos días di una charla sobre concentración y toma de decisiones en competencia. Arranqué con una frase que para mí resume bastante bien todo lo demás: "no se trata de prestar atención a todo, sino de prestar atención a lo que importa, cuando importa". Y atender algo implica, sí o sí, dejar otras cosas en segundo plano.
Acá va lo principal de lo que trabajamos ese día, con ejemplos de distintos deportes.

¿Qué es estar concentrado?
Cuando pensamos en alguien concentrado, solemos imaginarlo con la mirada clavada en un punto, sin registrar nada de lo que pasa alrededor. En la cancha casi nunca funciona así.
La definición con la que trabajo dice que concentrarse es dirigir y sostener la atención sobre la información relevante para la tarea. Y en un partido eso incluye bastantes cosas. La pelota, los compañeros, los rivales, los espacios, lo que te indican desde el banco, el tiempo que queda, tu propia posición. Un golero no puede mirar solo la pelota. Necesita saber dónde están los delanteros, cómo está parada su defensa y cuánto falta. Para él, concentrarse es elegir entre todo eso lo que le sirve para la próxima jugada.
Eso sí, no buscamos estar concentrados el 100 % del tiempo. Buscamos darnos cuenta de que nos fuimos y saber volver.
Porque la cabeza se va, eso es seguro. Se va al error de hace un rato, a lo que va a decir el entrenador, al resultado... Le pasa a todo el mundo, también a quienes juegan en la élite. Competir requiere volver una y otra vez al presente, y eso se puede entrenar. Para esos momentos hay recursos bastante simples (una respiración, una palabra, un gesto) que expliqué con más detalle en el artículo sobre cómo reiniciar el foco en plena competencia.
Pensalo con un tiro libre en básquet. Antes de tirar registrás un montón de cosas: el aro, el árbitro, la tribuna, tu respiración. Eso es la atención trabajando. Después elegís dónde ponerla (idealmente, en el aro) y ahí aparece el foco. Lo difícil es dejarla ahí los segundos que dura el tiro, aunque atrás del aro haya gente saltando y gritando. Eso ya es concentración.
Lo que intenta sacarte de ahí puede venir de afuera, como esos gritos, o de adentro, como el clásico "si erro este, perdemos". Técnicamente se separa en ruido, distractores e interferencias. Sin entrar en tanto detalle, las interferencias son las que te cortan de golpe lo que estabas haciendo. El tiempo muerto que pide el otro equipo justo antes de tus tiros libres, por ejemplo, está pensado para eso.

¿Foco o ruido?
Para separar una cosa de la otra propongo dos preguntas. La primera es si eso te trae al presente. El partido siempre se juega ahora, así que lo que te lleva al pasado o al futuro rara vez te ayuda. La segunda es si esa información te sirve para ejecutar la próxima acción. Si la respuesta es sí, es foco. Si es no, probablemente sea ruido.
En la charla hicimos un ejercicio de clasificar que te dejo acá para que lo pruebes. ¿Cuáles de estas cosas son foco y cuáles son ruido?
- ¿Dónde está la pelota?
- El error que cometí hace diez minutos
- La posición de un compañero
- "No puedo volver a equivocarme"
- Un espacio libre
- Una decisión anterior del árbitro
- El movimiento del rival
- La tribuna
- El hambre
Si te fijás, todo lo que es foco está pasando ahora y te ayuda a decidir qué hacer. La pelota, la posición de un compañero, el espacio libre y el movimiento del rival entran ahí. El resto es ruido. El error y la decisión del árbitro ya pasaron, el "no puedo volver a equivocarme" te lleva al futuro y la tribuna no depende de vos. ¿Y el hambre? Es real y molesta, pero en ese momento no se resuelve jugando.
Nada de eso desaparece porque lo ignores. La idea es reconocerlo cuando aparece y volver a lo que sí depende de vos.
Ponele nombre a las distractores
Un ejercicio muy bueno para hacer conscientes nuestros distractores es este, agarrá lápiz y papel y anotá:
- un distractor que te aparece cuando estás en cancha
- uno que te aparece cuando entrenás
- uno emocional, por ejemplo la bronca después de un error
- uno colectivo, como una discusión dentro del equipo
- uno físico (el cansancio, una molestia, el calor)
Parece poco, pero ponerles nombre ayuda a reconocerlos más rápido cuando aparecen. Y si ya sabés cuáles son los tuyos, podés tener pensado de antemano cómo volver.
Abrir y cerrar el foco
La atención no solo apunta hacia un lugar. También se abre y se cierra, un poco como el zoom de una cámara.
Con el foco estrecho la pregunta es ¿qué tengo delante ahora? La pelota, el gesto técnico, el rival directo. Es el foco de una tenista en el momento del golpe, o el de quien patea un penal.
Con el foco amplio la pregunta cambia: ¿qué está pasando alrededor? Los espacios, los compañeros, los rivales, cómo se mueve el juego. Es lo que hace un mediocampista cuando levanta la cabeza antes de recibir, o una armadora que mira cómo se acomoda la defensa antes de pasar.
Ninguno de los dos es mejor que el otro. Lo que buscamos es poder pasar de uno a otro con facilidad y con intención: abrir para leer la jugada, cerrar para ejecutar, y volver a abrir.

Un psicotip para la competencia
Después de tu ritual de anclaje (la respiración, la palabra o el gesto que uses para reiniciar), podés repasar mentalmente estas preguntas:
- ¿Dónde está la pelota?
- ¿Dónde estoy yo?
- ¿Dónde están mis compañeros?
- ¿Dónde está el rival?
- ¿Qué espacios aparecen?
- ¿Cuál es mi tarea?
En el fondo, todas son la misma pregunta: ¿qué es lo que necesita mi atención ahora?
Al principio pueden parecer muchas para un partido que va rápido. Por eso conviene practicarlas en los entrenamientos, así en competencia no es la primera vez que las usás.
Rápido, pero no apurado
Una cosa es decidir rápido y otra muy distinta es decidir apurado. La velocidad que sirve en la cancha tiene que ver con darte cuenta enseguida de qué es lo que importa en esa jugada.
Pensá en una base que recibe en un contraataque, con dos compañeras corriendo por los costados. Si se apura, suelta el pase antes de ver que la defensa ya le cerró esa línea. Si se queda dudando entre pasar, penetrar o frenar, cuando por fin se decide la defensa ya volvió. Esos son los dos enemigos de una buena decisión: apurarse y sobrepensar. Seguro te reconocés más en uno que en el otro.
A mí me gusta pensarlo así: en los dos casos el problema está en qué estás mirando. Cuando tenés claro qué importa (y qué depende de vos), la decisión sale más rápido sin que tengas que apurarla.
De ahí sale el título de este artículo. Ver (¿qué está pasando?), decidir (¿qué opciones tengo?) y actuar (¿qué hago?). Escrito así parece obvio, y un poco lo es. La gracia está en hacerlo en un segundo y medio, con una rival encima.
Podés leer bien la jugada, elegir el pase correcto y que igual salga mal, porque el otro equipo también juega o porque la pelota picó raro. Pero a la larga, las buenas decisiones aumentan las chances de que te vaya bien.

Y si lo que más te saca del partido son las emociones (la bronca después de un error, los nervios del arranque), en este artículo sobre gestión emocional en competencia hay más para trabajar eso.
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