Los tres momentos de la competencia: precompetencia, competencia y poscompetencia

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La competencia dura minutos u horas, pero el rendimiento se construye en el proceso cotidiano que la hace posible. Estas ideas surgen de una charla que dicté para la Federación Uruguaya de Judo, y acá las comparto adaptadas para cualquier disciplina: el abordaje psicodeportivo mira la competencia como un proceso psicológico dinámico, con tres momentos que tienen lógicas distintas — la precompetencia, la competencia y la poscompetencia — y que conviene entrenar por separado.

Precompetencia: preparación psicofisiológica y cognitiva

La precompetencia abarca desde los días previos hasta los minutos antes de competir. Es una fase de preparación psicofisiológica y cognitiva que debe ser funcional a la tarea y preservar la energía, porque todavía no es momento de gastarla. La clave está en saber cuánto falta: el día antes conviene priorizar actividades relajantes y liberadoras — jugar, escribir, leer, pintar, algo que mantenga la ansiedad a raya—, y recién minutos antes empezar a activar de forma progresiva, a los propios tiempos y cuidando la energía disponible.

El diálogo interno en esta etapa puede ser facilitador (favorece estados de calma, relajación, distracción sana y conexión con el aquí y ahora) o limitante (induce hipervigilancia, ansiedad, miedos y falta de confianza). También influye la percepción: pensar la competencia que viene como un desafío en vez de como una amenaza cambia directamente cómo nos sentimos y qué cosas nos permitimos hacer.

Un ritual precompetitivo ayuda a aumentar la sensación de control, regular la activación y estabilizar el foco atencional. Un ejemplo práctico: activación física progresiva (15 a 20 minutos), regulación psicológica (5 minutos), visualización específica (3 a 5 minutos), activación final (5 minutos) y un ritual previo inmediato (1 a 2 minutos), justo antes de competir.

Competencia: autorregulación en tiempo real

La competencia es el periodo de ejecución, y se caracteriza por la necesidad de autorregulación en tiempo real: es "el momento". La activación fisiológica tiene que ser acorde a lo que hay que enfrentar — sensación de energía controlada, cuerpo listo para actuar, claridad mental y emociones funcionales.

El diálogo interno acá tiene que ser corto: palabras que signifiquen algo, que despierten y que orienten rápido, para ayudar a concentrarse, no perder el foco, conservar la seguridad y dosificar la energía o darlo todo, según haga falta.

En cuanto a la percepción, se trata de ver la situación como es —estar atento a lo que está pasando alrededor, conectado con uno mismo y, a la vez, escuchando las indicaciones que lleguen— y de permitirse vivir la competencia como una instancia de aprendizaje, rendimiento y disfrute. No es momento de evaluar ni de planificar, ni de preocuparse por otras cosas: hay que buscar estar al 100%, dentro de lo que se pueda y como se pueda.

Poscompetencia: recuperación, evaluación y aprendizaje

La poscompetencia es el periodo de recuperación, evaluación y aprendizaje. Sin recuperación no hay evaluación ni aprendizaje constructivo posible: es vital descansar, reponer, nutrir y cuidar el cuerpo para que el organismo pueda "desactivarse" de la competencia y volver a un ritmo de normalidad fisiológica. Cuidar este momento es tan importante como cuidar los otros dos.

El diálogo interno acá puede ser más largo, y tiene que ayudar a soltar la competencia, pensarla como una instancia más del camino —siempre van a existir otras oportunidades— y a aceptar, descansar, reponer y celebrar lo vivido, más allá del resultado.

Lograr una evaluación real, constructiva y respetuosa con uno mismo es uno de los mejores regalos que un deportista se puede hacer. Se puede evaluar por área de desempeño, con un FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas), o mirando por separado el resultado, el proceso y la actuación. Lo que se evalúe conviene compartirlo con un referente deportivo —entrenador o entrenadora— para armar juntos nuevas estrategias, direccionar los aprendizajes e incluir lo que haga falta en la planificación.

Entrenar estos tres momentos por separado —y no solo el gesto técnico o físico— es lo que sostiene un rendimiento estable en el tiempo. En el próximo artículo de esta serie vamos a ver la arquitectura mental y emocional que hace que ese rendimiento se sostenga: la arquitectura mental y emocional del rendimiento deportivo.


Lic. María Florencia Cabral

Lic. María Florencia Cabral

Psicóloga especializada en Deporte y Actividad Física y en Terapia Cognitivo Conductual.

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